En estos días cumplí años y quería escribir algo el mismo día, pero no me fue posible. Andaba medio "espichado" y era mejor que no.
Al principio quería escribir sobre la necesidad de humana de medir y comparar. Los años son una medida y sirve para saber si somos viejos o jóvenes, si somos aptos para trabajar en ciertas tareas o si debemos cambiar los hábitos de vestir...que se yo.
Después de los eventos que provocaron mi pinchada, cambió todo. Ya ni quería seguir con el Blog. Eso también es un hábito humano...que curioso.
Finalmente, cuando llegó a casa después de un largo día de trabajo, tráfico y noticias repetidas. En pleno estado depresivo, me encuentro con una fiesta sorpresa, de esas que hacen en las peliculas y que nunca antes me había pasado, porque sólo se da en las peli (todo el mundo lo sabe).
Oscuridad, esfuerzo para entrar en la casa, silencio, encender la luz a tientas y ¡SORPRESA!
Un grito al unisono de las tres chicas de la casa. Regalos, torta -deliciosa y hecha en casa- risas, canción de cumpleaños y unas tarjetas preciosas de las niñas. Que fino que me pase esto. Fue algo sencillo, pero me conmovió.
Y bueno quería compartirlo, como a veces hacemos los humanos.
jueves, 31 de julio de 2008
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