domingo, 24 de agosto de 2008

Concentración, dispersión o exploración

Me gustan muchas cosas: El cine, la música, el deporte, ser padre, la poesía, la literatura, la pintura, el dibujo, los comics y un largo etc. Sospecho que de haberme dedicado a unas pocas permitiría un mayor conocimiento y profundidad sobre ese tema. El punto es que en muchas de esas cosas que menciono me he involucrado.

He sido deportista, jugando fútbol, futbolito, baseball, carreras de fondo, judo, aikido, ping pong. Como todos los muchachos. Bueno, había aquellos que sólo hacían un deporte, incluso eran "malos" en los otros, los que no practicaban. Conocí a varios, uno que recuerdo, era pelotero; me enseño muchas cosas del baseball, pero no podía jugar otra cosa ni lo quería. La garza, le decíamos a otro, que sólo corría conmigo los 1500 metros y también me enseño cosas. Me presentó a grandes del deporte de esa epoca, con las que corríamos en los entrenamientos largos.

En el futbolito, entrenaba con muchachos que posteriormente llegaron a ser campeones mundiales de fútbol sala. Ellos sólo jugaban fútbol o fútbolito, nada más.

Por esa epoca amaba los comics y me dió por dibujar. Dibujaba desde niño y parece que lo hacía bien. Mis trabajos eran seleccionados y me buscaban para que ayudará en los distintos trabajo del cole. Y me dió por comprarme libros sobre técnicas de dibujo. Luego, naturalmente quise pintar, pero en esto no era tan bueno, no era natural. Así que también leía sobre los pintores y sobre aquellos que eran fabulosos dibujantes como Miguel Angel o Da Vinci. Me gustaba mirar sus trabajos y tratar de decifrar sus técnicas. Descubrí a Arturo Michelena, especialmente porque era un dibujante prodigioso. Me encantanba ver el trabajo inacabado, donde se veía el proceso y podía descubrir como lo hacían. Me gastaba los libros de dibujo, secretamente, pues no me gustaba que vieran mis trabajos, hasta que estuvieran acabados y, que por supuesto, aprobaran un estricto críterio de calidad.

En la universidad, hice judo, un deporte fabuloso. En el club de la UCV. Allí conocí a Natasha Hernández, que era campeona nacional y creo que panamericana. Era una gran motivación, porque era todo un ejemplo de trabajo y disciplina. En esa epoca me dió por la literatura y en particular la poesía. Hice un taller en la UCV con Marhia Vásquez (si mal no recuerdo) y un grupo de muchachos y no tanto. Leímos a todos los poetas latinoamericanos modernos y escribimos y leimos nuestros textos. Bueno y no sólo poesía, también los grandes autores del boom latinoamericanos, como Garcia Márquez.

También leía de política y filosofía y bueno, algo de computación. Claro que de la literatura al cine hay apenas un paso y entonces también estudié sobre guiones de cine e hice un taller sobre el tema, con Thaelman Urgelles, autor de La Boda y Generación Halley. En este taller era el único que no venía de una carrera afin como letras. Y claro hice me guión del taller.

En la escuela de computación, comentabamos sobre un autor norteamericano, que tenía muchos libros. Se decía jocosamente que tenía un mar de conocimientos de un centímetro de profundidad. Así me sentía yo. Me reprochaba el hecho de haber hecho tantas cosas y no haberme concentrado en una. Quien sabe, tal vez sería el mejor del mundo en el tema.

Hay más cosas, hay más temas, pero creo que está claro el punto y en otro post, seguramente escribiré sobre otra áreas que han estado en mi inquietud. La cosa es que uno toma una elección, escoge enfocarse o explorar y yo opté por explorar. Pero hay constantes, la exploración no es totalmente loca y al azar, algo la dirige, hay un mapa, no siempre visible, que en mi caso tiene que ver con el acto creativo, con la experiencia directa, con una cierta belleza que encuentro en algunos actos humanos y sobre los cuales no me basta contemplar.

Después contaré lo que encontré, lo que sentí en cada experiencia.

sábado, 9 de agosto de 2008

De revoluciones y evoluciones

Creo que las revoluciones son necesarias. Son como los destapadores de los atascos históricos. Los sistemas humanos, vistos como sistemas adaptativos complejos, pueden explicar como el progreso, la evolución, son inevitables. Sucede sin embargo, que se producen atascos, como pasó en Chile con Pinochet, por nombrar uno. Uno, donde la sociedad empuja pero no avanza, como pasa con las tuberías sucias o el tráfico de Caracas. La cosa no avanza, no parece avanzar. Así que la característica adaptativa, produce una respuesta, una solución, como pasó con la Rusia de los Zares o la Cuba de Batista.

Para que existiera un Fidel o un Lenín, hacía falta un atasco, un freno a la inevitable evolución humana. Es entonces cuando la revolución cobra sentido y más que echar para adelante, de un salto (Como dicen los clásicos del materialismo histórico-dialéctico) a mi me parece (sin pudor ni prueba científica) que es para desatorar, desenmarañar aquello que impide que la sociedad fluya. Lo que parece, que inevitablemente pasa a continuación, es que lo revolucionario hoy, mañana envejece también y se convierte a su vez en atasco. ¿No es acaso lo que le pasó a Fidel?

Cuando el Caracazo, el día en que bajaron los cerros, era como la señal de que algo se quebraba. Como una empresa que entra en rojo, que pierde sus clientes en una estampida y no hay banco que le preste. En ese tiempo, tenía esa sensación de atasco, de juego trancado.

¿Acaso, los gobiernos de Lusinchi, Luis Herrera, Carlos Andrés no fueron atascos históricos? ¿En que avanzamos como sociedad en esa etapa? Se requería un Chávez, no tengo duda.

La revolución Cubana parece mostrar una intención de revolucionarse, tal vez a menor velocidad que la Perestroika de Gorbachov, quizá por aquello de picado de culebra le tiene miedo a bejuco. Se evidencia un atasco, porque de lo contrario para que cambiar.

En Venezuela todo luce taponado. Las leyes de Chávez, han sido eficaces en función de unos propósitos supuestamente revolucionarios, pero con unos resultados pobres en términos de bienestar social a diez años vista.

Así que se convocan revolucionarios con sus guayas y herramientas para que vengan a desatorar las calles, los municipios y el territorio nacional.

jueves, 7 de agosto de 2008

Juego limpio

Comienzan los juegos olímpicos y eso me recuerda de muchacho participando en cuanto deporte podía. Eso sí, tenía lo que llaman el espíritu olímpico. Nada de trampa ni de ventajismos.

No me divierte ganar con trampa. No juego ese juego donde lo que importa es ganar. No sé si es que algo de talento tenía y no me resultaba tan difícil ganar de vez en cuando. Pero lo cierto es que ganar fácil no divierte, hacer trampas menos.

Una vez le dije al árbitro que la pelota no terminó de pasar la raya, no fue gol. Quién querría ganar así (el tipo me miro raro, encogió los hombros y sigan, sigan)

Pero, si, había gente que intentaban ganar fuera como fuera.

Era inverosímil, pero nos acostumbramos a oponer a la bajeza, grandeza. Cosas de muchacho. Pero se me quedó la maña de no comerme los semáforos o pasar los rayados en los túneles, odio colearme en lugar de hacer la cola. La viveza criolla me parece boba, le falta grandeza, espíritu olímpico.

A veces me encuentro raro, como si estas cosas estuvieran pasadas de moda, como si lanzarse de cabeza para que te concedan un penalti fuera más divertido que hacer el gol en la jugada, levantándose y rematando en buena lid y si fallo, me queda el gusto de intentarlo. Pero, claro te dirán perdedor. Importa ganar aunque no seas mejor, a quien le importa el que perdió, mejor burlarse, aunque tenga más talento.

Por eso, me parece patética la risa de los coleados y lo que hace el Contralor Rusían y el TSJ. Cómo puede jugar Aristóbulo así. ¿Y si gana, en realidad ganó? No me queda claro que quien pierda, en realidad, sea Leopoldo. Veremos en las elecciones.