La política ha muerto y no nos habíamos dado cuenta, ya ha venido mostrando los síntomas de su incapacidad para avanzar en la solución de los problemas de las sociedad a la que se debe.
El brexit en Inglaterra, Le Pen en Francia, la declaración de independencia de Cataluña de España, Putin, Trump en general,el Daesh en particular y Maduro sobre todo Maduro son distintas muestras en distintos lugares, del fin de la política.
En el brexit, por ejemplo, el primer ministro decide hacer un referéndum para seguir en la UE o no. ¿En serio? ¿Un tema absolutamente complejo y con impactos invisibles y con efectos retardados (delay ), como se dice en dinámica de sistemas, en un referéndum? ¿Acaso no es una decisión propia de técnicos, estadísticos, urbanistas, economistas, matemáticos, ingenieros, antropólogos, etc? ¿Como exponer una decisión tan importante a las opiniones de un pueblo no conocedor y manipulable?
Entonces, ¿cuando se ve la complejidad? En el caso de Brexit, se ve en los tratados para la salida del Reino Unido de la Comunidad Europea, tratados que atienden la diversidad de temas que deben resolverse y que los tienen enredados en negociaciones que no avanzan.
Y en otro caso, me pregunto: como sería Francia manejada por Jean Marie Le Pen? Que poco faltó y vino a ser un joven, Macron, que a última hora, salvó el día o al menos alargó la situación. Y bueno, eso de salvo el día es un decir, habrá que esperar como lo hace.
Me pregunto, eso si, ¿Qué tiene que haber pasado en los políticos y la política francesa con su academia, su ciencia y su tradición Republicana? Lo que finalmente parece explicar el fenómeno es el desencanto sobre la pobreza de la política y sus resultados en la Francia modelo de la racionalidad. Y ojo, con las narrativas anti política.
Y, en el caso de moda por estos días, ¿Los catalanes quieren ser independientes? ¿De verdad? ¿Así, de repente? ¿Sabrá un catalán cuál es la viabilidad real de semejante proyecto? ¿Qué utilidad tendría el proyecto independentista para el ciudadano de a pie, más allá de sentirse más catalán que español? ¿Es incompatible su identidad Catalana o la Gallega, Valenciana, Sevillana, Vasca, etc. con la española?
Suponiendo que así sea, sería viable crear todos esos países con los infinitos temas como el agua, por poner uno. ¿Qué harían estos nuevos países, venderse el agua entre sí, eliminar las interconexiones eléctricas, las interconexiones telefónicas y de internet, ah y el AVE, llegaría a las fronteras? ¿El modelo sería mediante empresas trasnacionales o empresas pequeñas en cada mini país? ¿Tan malo son estos españoles de Madrid, para tener que desbaratar todo? La pregunta es, si alguien en realidad ha elaborado los modelos matemáticos, antropológicos y de sistemas dinámicos, que incluyan los temas hídricos, económicos, sociológicos, etc. que aborden semejante complejidad.
Al parecer la política no funciona así, parece que se trata de hablar, en la más simple de sus modalidades, de convencerse a sí mismos y a los que piensan igual por obligación, sin importar el fenómeno, o mejor, los datos que surgen de modelos, que es a lo que medianamente podemos acceder. Lo peor es que la lealtad es más importante que el conocimiento y las capacidades. Los partidos se alejan de lo técnico y se acercan más a las tertulias superfluas, acaparando minutos en pantalla y medios. Muy en la onda de la civilización del espectáculo que nos describe tan bien Mario Vargas Llosa, en su libro.
La política se trata, al parecer, de crear narrativas que convenzan al público crédulo (del espectáculo), funcione o no. Las narrativas más poderosas son polarizantes, extremas, mágicas, metafísicas, maniqueístas, e incluso integrista y fundamentalistas, sin bases reales. Cuando estas narrativas se imponen, son imparables, porque de la polarización surgen un enemigo y un espíritu de cuerpo, pasión y odio e irracionalidad.
Lo que uno ve desde afuera del tema catalán, no lo entiende, pero me temo que los mismos españoles no lo entienden tampoco, sobre todo si lo ves desde la política.
Parece obvio que algo tan extraño, por decir lo menos, de pronto esté instalado como una realidad. Ahora, si vemos la narrativa, que los secesionistas usan, es polarizante, maniqueísta, integrista, etc y ha venido imponiéndose sin validación y los políticos no se habían dado cuenta. Hasta que les exploto en la cara. La respuesta es la judicializacion que de alguna forma echa más leña al fuego, los enemigos son más enemigos. Al parecer los independentistas lo tienen más claro, usan el mercadeo, la ideología, las narrativas poderosas, repleta de medias verdades, mentiras y ocultando la complejidad, que en realidad, no estoy seguro que la manejen, todo para alcanzar sus objetivos, funcionen o no, porque igual la culpa no será de ellos sino de sus enemigos.
Entonces la política trata de narrativas y poder.
Y Maduro, es Maduro gracias a Chávez y el socialismo del siglo XXI. ¿Y que es el chavismo? Una narrativa maniquea, de ricos y pobres, patriotas y oligarcas con enemigos internos y externos. De nuevo, los políticos no lo vieron, tal vez, aún no lo ven. Y de nuevo, desde esa perspectiva de la política (o lo que queda de ella) es un proyecto exitoso ya que por 18 años han sustentado el poder imponiendo una narrativa, pero arruinado, al tiempo, a un país con recursos, con los precios del barril más altos de la historia, la política chavista, llevó al país a la pobreza, en un acto casi mágico, pero, no importa porque la narrativa da para todo, para destruir y explicarlo todo, aunque, eso sí, no es capaz de resolver los problemas reales.
A la hora de atender el problema del poder, la política cuenta con la narrativa poderosa, los medios y la organización para convencer: funciona, pan comido.
Ahora, para resolver los problemas complejos de la gente, está claro, no sólo por los resultados que están a la vista, sino porque un método, apenas basado en convencerse a sí mismo y culpando a otros cuando las cosas salen mal. Es claro que con un método así, que no se acerca, ya no digamos que al método científico, que seria mucho decir, pero al menos a los métodos de gestión de las corporaciones, no da para resolver ni el problema de la basura (que aunque puede resultar complejo, solo sería ese problema). Es tal la confianza en la narrativa y que el fin último es el poder, que meterse en honduras exponiendo, al mismo tiempo, las incapacidades de los compañeritos, no les vale la pena.
La política quedó para el poder y para los problemas reales... ya veremos.
Y la oposición parece ir por el mismo camino. Aunque con el dilema de una narrativa ética o una narrativa poderosa que entra en consonancia con el chavismo. Pero mientras se ponen de acuerdo y/o nace una nueva política el chavismo es rey.
Y el mundo y sus instituciones ya obsoletas, incapaces de abordar un caso como el de Maduro, que hasta ellos lo ven tan claro y aún así no pueden hacer nada.
Ni con el cambio climático o la miseria o los refugiados. Si el mundo, sus políticos son incapaces de resolver los problemas de la complejidad, que son los problemas que le corresponden, entonces no sirve de nada, se ha desnaturalizado y convertido en un mero instrumento de políticos (vaya el término en función de la reciente redefinición), al servicio del poder y los intereses mezquinos de minorías delirantes, dueños del futuro plagado de conflictos, para que las máquinas electorales funcionen, un futuro que nadie querría por qué no vale la pena vivir día a día de un conflicto a otro programado para siempre, excepto para quienes reinan detrás de las bambalinas, de un mundo loco, donde un futbolista puede ganar millones por hacernos felices después de cada gol, mientras un doctor en medicina, que salva vidas no percibe en toda su vida el ingreso del hombre con el balón, en un año. Donde el lobby americano (también en Europa) tiene tanto poder que le impone la agenda y las decisiones a los políticos, para que estos se encarguen, con la adecuada narrativa y se hacen cosas sin importar las consecuencias, en el complejo e intrincado mundo que está surgiendo.
Y claro que hace falta la política, una nueva política. Como para conducir un camión se necesita un certificado y para dirigir un país solo se requiere compañeros que te nombren candidato.
¿Que capacidad tiene que tener un CEO de una corporación para dirigirla? ¿Puede ser cualquier persona? ¿Acaso no requiere títulos universitarios, tal vez un MBA o es que podría ser cualquier persona?
A más complejidad del empleo más competencias requeridas. Esto parece claro, tautológico, pero no es así para ser presidente. ¿Maduro, Trump, de verdad están capacitados? ¿Lo está Putin, de verdad? Hasta para ser futbolista tienes que pasar la prueba y para ser presidente, no?
¡Que tremenda arrogancia! Pero claro, para que tanto trabajo, solo hay que converse a la gente y para eso existe el mercadeo.
Así que solo parece posible una nueva política surgida de otras disciplinas, porque la arrogancia y el conocimiento no van juntos.
